sábado, 30 de mayo de 2026

HALF MAN/HOMBRE A MEDIAS: LOS SEIS EPISODIOS EN ORDEN.

  










Actualizado hasta el EPISODIO FINAL:  6 


CIERRE DE TEMPORADA Y DE SERIE


Crónica: El rugido de la fragilidad en Lions (Hombre a medias)

El primer episodio de "Lions" (distribuida en algunas regiones como Hombre a medias) se siente como un puñetazo envuelto en nostalgia escocesa. La narrativa nos lanza de entrada a una paradoja visual: un hombre vestido con el tradicional kilt, símbolo de linaje y orgullo, acorralado por su peor pesadilla en el que debería ser el día más feliz de su vida.

La serie utiliza el pasado no como un recuerdo, sino como una condena. Lo que comienza como el relato habitual de acoso escolar en Glasgow —el chico frágil frente a los "gueritos" bravucones— da un giro cuando aparece la figura del "protector". Es aquí donde Richard Gadd despliega su maestría para incomodar: este "gorila" que defiende al débil termina convirtiéndose en su objeto de deseo y, eventualmente, en su verdugo.

Es una relación de dependencia absoluta. Resulta inquietante y magnética la secuencia del despertar sexual del protagonista, facilitado por su propio compañero de cuarto en un triángulo donde la tensión real no está en la mujer, sino en la gratitud casi devocional hacia el protector. Jamie Bell, lejos ya de la frescura de Billy Elliot, nos entrega a un Niall maduro, habitado por el miedo, mientras que el joven Niall destila una ternura dócil que lo marca como la presa perfecta.

¿Qué pasó en esos años de vacío? ¿Por qué el baile se siente como un delito y la cercanía como una amenaza? La serie nos sugiere que la masculinidad aquí no es una fortaleza, sino una cárcel de espejos donde el "macho" también es víctima de sus propios impulsos. Un inicio perturbador que nos recuerda que, a veces, quien nos salva del resto del mundo es quien más daño puede hacernos.


ConceptoDetalle
Título OriginalLions (En español: Lions o Hombre a medias)
Creador y GuionistaRichard Gadd (tras el éxito de Baby Reindeer)
ProtagonistasJamie Bell (Niall) y Richard Gadd (Ruben)
ProducciónCoproducción entre HBO y BBC
DirecciónAlexandra Brodski y Eshref Reybrouck
LocalizaciónGlasgow, Escocia
EstructuraMiniserie de 6 episodios
Fecha de Estreno24 de abril de 2026 (en plataformas digitales)


NOTAS EN EL TINTERO


  • ¿Por qué ese título? Aunque el título original es Lions (Leones), la referencia a "Hombre a medias" o "Half Man" alude a la castración emocional de los personajes. Richard Gadd ha mencionado en entrevistas que busca explorar cómo la cultura de la "dureza" masculina deja a los hombres incompletos, incapaces de procesar su vulnerabilidad.

  • La crítica: Ha sido recibida con entusiasmo por su valentía. Se dice que es la "secuela espiritual" de Baby Reindeer, no por la trama, sino por la disección cruda de la psicología humana. La crítica ha destacado que Gadd no teme mostrarse (o mostrar a sus personajes) como seres profundamente fallidos.

  • La audiencia: Existe una gran expectación por ver a Jamie Bell en un papel tan físico y vulnerable a la vez. El público ha respondido con intensidad al "salto temporal", comparando la narrativa con obras de estructura elíptica que no subestiman la inteligencia del espectador.

  • Sobre Richard Gadd: Él fue el creador y protagonista de Mi reno de peluche. Aquella serie nació de una obra de teatro unipersonal y le trajo una lluvia de premios (Emmys) pero también controversias legales con la persona real que inspiró al personaje de Martha. En Lions, vuelve a usar su propia visión sobre el acoso y las "relaciones turbias", pero desde una ficción más amplia.









  • La paradoja de la imagen vs. la realidad


    • El deseo como refugio: Si el niño no ve sufrimiento en esa imagen homoerótica del poster que pone en la pared del cuarto, es porque ahí encuentra una tregua. En un entorno tan hostil como el Glasgow de los 80, esa imagen es un "espacio seguro" de belleza masculina que no duele.

    • La cárcel como catalizador: La prisión suele ser, en este tipo de dramas, el lugar donde la jerarquía se sexualiza por completo. Si Ruben estuvo ahí, es probable que su concepto de "afecto" se haya fusionado irremediablemente con el poder y la dominación. El baile que realiza, ese que parece "delito", podría ser su única forma de liberar una sensualidad que fuera de la pista solo sabe expresar como agresión.

    Un detalle narrativo

    Ese "trío" del póster espejea de forma brillante el trío que se da en el primer episodio (el joven, el grandulón y la chica). Es como si la serie nos estuviera diciendo que el protagonista siempre ha estado buscando encajar en una estructura de tres, donde el deseo fluye de maneras que su entorno le prohíbe verbalizar.

    La serie quizá no es solo sobre el acoso, sino sobre la tragedia de la mirada. El niño mira el póster con paz; el adulto mira a su "pesadilla" con pánico, pero en ambos casos, hay una fascinación que no pueden romper.

    Seguimiento de Half Man

    (Capítulo 2)

    Si aplicamos el Horizonte de expectativas de Jauss, el segundo capítulo de Lions (Half Man) no solo rompe con lo previsto, sino que subvierte la relación víctima-victimario de una forma que solo Richard Gadd sabe ejecutar: con una incomodidad casi insoportable.


    Crónica de Lions – Capítulo 2: La Metamorfosis del Escorpión

    Si atendemos al Horizonte de expectativas que plantea la estética de la recepción, tras el primer episodio muchos espectadores habríamos previsto una progresión lineal del trauma. Sin embargo, en esta creación, es el objeto mismo el que dicta las reglas, manipulando los mensajes para descolocar al receptor.

    En este segundo capítulo, la trama confirma una premisa dolorosa: el "Gorila" sigue siendo un gorila. Siguiendo la fábula de la rana y el escorpión, Ruben (Richard Gadd) inocula su veneno en el nuevo entorno de Niall (Louis Oliver ). La apacible vida universitaria en Glasgow se desmorona con la llegada del "Troglodita", invitado ingenuamente por la "Rana", quien aún no comprende que los perfiles psicológicos no cambian por simple voluntad.

    El daño es total: desde la destrucción física de los objetos —simbolizada en esa taza regalada por la madre, un vestigio de esperanza hecho añicos— hasta la aniquilación de las nuevas relaciones de Niall. La violencia escala hasta colmar las expectativas de un drama crudo y adulto.

    Sin embargo, el verdadero golpe de gracia (el twist inesperado) llega al final. Lo que sospechábamos era una vida reprimida se transforma en algo mucho más complejo: Niall, tras años de abusos por parte de su "protector", ha decidido casarse precisamente con el hombre al que Ruben desfiguró a golpes años atrás. La persistencia del mal no solo acecha, sino que se sienta a la mesa como invitado de honor en una boda donde nadie sabe hacia dónde mirar. La estética de la recepción ha perdido la apuesta; el guion de Gadd, en cambio, se lleva una mención honorífica por su capacidad de perturbación.


    Guía de Personajes y Elenco (Episodio 2)

    Personaje

    Actor

    Perfil en este capítulo

    Niall (Adulto)

    Jamie Bell

    El hombre que intenta reconstruir su vida, atrapado en una paradoja nupcial.

    Ruben (Adulto)

    Richard Gadd

    El "escorpión"; una fuerza destructiva que reclama posesión sobre Niall.

    Niall (Joven)

    Louis Oliver

    Representa la inocencia dócil y la gratitud mal encaminada hacia Ruben.

    Ruben (Joven)

    Joshua Ginelli

    El joven violento cuya "lealtad" desfiguró el futuro de los demás.



    Notas en el tintero…  para el seguimiento (Capítulo 3)

    • La paradoja del prometido: Es fascinante que el objeto de afecto de Niall sea la antigua víctima de Ruben. ¿Es un acto de expiación, de rebelión o una forma retorcida de mantener el trauma cerca?

    • La simbología de los restos: La taza rota marca el fin de la etapa de "normalidad" universitaria. En el teatro del absurdo, los objetos cotidianos suelen ser los primeros en morir cuando la tragedia se instala.

    • La mirada del receptor: El giro final obliga al espectador a reevaluar todo el primer capítulo. Ya no vemos a una víctima y un acosador, sino un triángulo de culpas y deudas emocionales impagables.

    ¿Niall se casa con el antiguo acosador como una forma de pedir perdón por lo que Ruben hizo en su nombre, o es una manera de "domar" al monstruo que Ruben no pudo destruir?

    Lo que es innegable es que... Se casa con la víctima, otra, de Ruben... ¿Podría haber sido de otra manera? Sí, pero... en esta configuración de caracteres todos parecen estar atrapados.


    Al casarse con la víctima (la otra víctima) de Ruben, Niall no está huyendo de su pasado, está construyendo un monumento a él. Es un intento desesperado de tomar control sobre una narrativa de impotencia, pero en este universo que Gadd ha diseñado, ese intento solo sirve para cerrar la jaula.

    En esta configuración de "relaciones turbias", el alivio no es una opción. Se ha formado una tríada de sufrimiento donde cada uno de los hombres actúa como espejo y verdugo del otro. Es una verdadera "cárcel de masculinidades" donde las paredes están hechas de secretos, culpas y cicatrices visibles e invisibles.

    Ahora que la trampa está completamente cebada y los tres personajes principales están atrapados en el mismo espacio (la boda), la tensión para el capítulo 3 es insoportable. Ya no nos preguntamos si pasará algo, sino qué tan devastadora será la explosión cuando la "firmeza" del gorila y el "consuelo" de las víctimas colisionen.



     

    Crónica de Lions – Half Man.  Capítulo 3: La Asfixia de la Autenticidad

    El poder de manipulación de Ruben (Richard Gadd) es la nota dominante en este episodio. Su relación con Niall (Jamie Bell), su "hermano de otro padre", se despliega no como un vínculo afectivo, sino como una estructura sectaria que recuerda la atmósfera terrorífica de El bebé de Rosemary. Es una asfixia lenta donde el entorno, lejos de proteger al protagonista, lo entrega sistemáticamente al depredador.

    En el pasado, la amiga de Niall (Louis Oliver) se convierte en la Ayudante esencial para que él busque su objetivo: ser auténtico. Sin embargo, la toxicidad de Ruben cuenta con aliados inesperados: las madres. Al presionar a Niall para que mienta en la corte, las madres operan como Opositores que sacrifican la verdad por la preservación de un statu quo violento. Ni siquiera la oportunidad de Oxford, que aparece como un Destinador intelectual y una posible salida, logra liberarlo de inmediato de la palestra de la culpa.

    El momento culminante ocurre en el juicio. Ruben justifica su brutal ataque al muchacho musulmán bajo una narrativa de defensa ante un supuesto "toque sexual". La mirada de la víctima, desfigurada por la "lealtad" de Ruben, obliga a Niall a elegir. Al retractarse de la mentira, Niall recupera su coherencia, pero desata la furia del "Escorpión". En el presente, el brindis intimidante de Ruben en la boda nos advierte que el conflicto ha dejado de revisarse en el pasado para instalarse, con toda su carga de terror, en la realidad actual.

    FunciónActanteDescripción
    SujetoNiall (Louis Oliver / Jamie Bell)El protagonista que busca escapar del ciclo de violencia.
    ObjetoLa Autenticidad / La VerdadEl fin último de Niall para romper la mentira del juicio.
    DestinadorLa Conciencia / OxfordLo que impulsa a Niall hacia un futuro fuera del alcance de Ruben.
    DestinatarioNiall mismoEl beneficiario de su propia integridad moral.
    AyudanteLa Amiga / Su integridadQuienes apoyan su proceso de reconocimiento identitario.
    OpositorRuben y las MadresLa fuerza física y la presión familiar que exigen el falso testimonio.

Notas en el Tintero 


  • El Cinismo como Herencia: Las madres cruzaron la línea ética bajo la premisa del "bien común" familiar, pero solo lograron marcar a sus hijos con una falta de escrúpulos que Niall logra sacudirse, mientras que Reuben la abraza como identidad.

  • La Madre como Dique de Contención: Si la madre de Niall es quien detiene a la bestia, sería un cierre poético: la misma fuerza que permitió el mal (en el juicio) es la única con el poder moral para frenarlo en el presente.

  • La Reparación del Daño: La unión entre Niall y el joven musulmán no es solo un matrimonio; es un acto de resistencia frente a la desfiguración (física y moral) que Ruben provocó. Es el triunfo de la víctima sobre el victimario a través del afecto.




UPDATE capítulo 4!


Crónica de Lions – Capítulo 4: El Espejo Invertido del Resentimiento

El cuarto episodio de "Lions" (Hombre a medias) destruye cualquier intento de predecir el destino de sus protagonistas, dinamitando una vez más nuestro horizonte de expectativas. Richard Gadd demuestra un talento descomunal como la fuerza motriz de la serie (escribiendo y actuando), mientras que Jamie Bell nos entrega una interpretación monumental, absolutamente digna de un premio Emmy.

El capítulo se centra en la decadencia de Niall (Jamie Bell). Tras haber tomado la decisión moral de declarar en contra de su "protector" en el pasado, la vida no lo recompensó; lo destruyó. Perdió Oxford, se convirtió en un escritor mediocre, vive sumergido en un clóset asfixiante —buscando encuentros clandestinos en baños públicos donde termina siendo grabado y chantajeado— y recurre al robo y a la mentira. Es un caso perdido. En la acera opuesta, la paradoja es violenta: Ruben (Richard Gadd) ha salido de prisión y goza de una vida idílica con un excelente empleo, esposa y un auto de lujo.

La envidia y el resentimiento acumulados llevan a Niall a buscar confrontar a Ruben. El encuentro es un clímax de violencia contenida: Ruben lo maltrata con la arrogancia de siempre, pero cuando Niall confiesa su paso por el hospital psiquiátrico y la miseria de sus deudas, la coraza del "Gorila" se rompe. En un instante de pura contradicción fraternal, Ruben se conmueve y se funden en un abrazo sobrecogedor.

Sin embargo, el verdadero juego de engaños de la serie estalla en su estructura temporal. Volvemos a la boda, al prólogo amenazante y a la brutal paliza inicial donde todo nos hacía suponer que Ruben había asesinado a Niall. Llega la policía, la tensión corta la respiración en un ambiente hospitalario sofocante y, en la camilla, el cuerpo tapado que sacan del galpón es el de Ruben. Sorpresa. El exitoso violento es quien cae, y el desahuciado Niall queda en pie. A falta de dos capítulos, Lions se consolida como una obra imperdible que castiga y premia las suposiciones del espectador con la misma crudeza.


Desempeño Actancial e Interpretativo

ActorPersonajeEstatus en el Capítulo 4
Jamie BellNiallEl "héroe" caído. Consumido por el resentimiento, se convierte en un perfil autodestructivo que sobrevive al horror físico pero no al moral.
Richard GaddRubenEl "villano" redimido por el éxito. Su fachada colapsa ante la vulnerabilidad de Niall, demostrando que su vínculo sigue siendo su mayor debilidad.





Crónica de Lions – Capítulo 5: Neoptólemo y la Tragedia de la Provocación

En un célebre ensayo sobre Filoctetes, Jan Kott apuntaba que Neoptólemo, bajo la apariencia de un buen muchacho, era capaz de cometer las peores atrocidades en la Guerra de Troya con tal de conseguir sus objetivos. Salvando las distancias históricas, Niall (Jamie Bell) se ha revelado en este quinto episodio de "Lions" como ese Neoptólemo contemporáneo: un personaje cuyo arco de personalidad ha transitado desde la inocencia dócil del primer capítulo, pasando por el sometimiento judicial, hasta convertirse en un resentido calculador capaz de infligir un daño monumental.

Niall sabe perfectamente cómo opera esa arma de destrucción masiva llamada Ruben (Richard Gadd). Con una crueldad pasivo-agresiva, le clava las banderillas donde más le duele: le echa en cara su propia infertilidad al anunciarle que él (Niall) sí será padre, y luego desata el caos al revelarle —para después negarlo cobardemente— que su esposa lo engaña con un hombre llamado Benji.

Por su parte, Ruben nunca había resultado tan pavoroso. Bajo su fachada de éxito material, se esconde un macho dominante que mantiene a su esposa acorralada en una prisión doméstica. Sin embargo, la transgresión es absoluta: ella no solo lo desobedece y busca un amante, ¡sino que se acuesta con el mismísimo Niall! Cuando Ruben descubre la traición, el "Escorpión" pierde por completo el control y propina una golpiza desquiciada al pobre Benji, dejándolo al borde de la muerte (o quizás ya cadáver). El episodio cierra con Niall desmayándose ante la inminente furia de un Ruben totalmente fuera de sí.

La estructura global de la serie —orquestada por Gadd de la mano de los directores Alexandra Brodski y Eshref Reybrouck— demuestra una técnica implacable al usar la elipsis temporal. Siempre regresamos a la boda actual, a ese galpón donde sabemos que yace el cuerpo de Ruben. ¿Fue Niall capaz de asesinarlo? Como el propio Ruben advierte en el episodio: "Cuando Niall quiere algo, lo consigue, como si fuera un trozo de pastel". Niall ha intentado desesperadamente portarse “bien” —llegando al extremo de pagar una brutal terapia de conversión para volverse heterosexual con dinero que no le pertenecía—, pero al igual que el personaje de Sofocles, su obsesión por encajar y obtener lo que desea lo ha vuelto capaz de asesinar a su mayor objeto de deseo: su hermano de otra sangre.

Cuadro de Personajes y Datos Clave (Episodio 5)

  • Niall (Jamie Bell): El manipulador silencioso. Su desesperación por ser "normal" y su resentimiento lo llevan a cruzar todas las líneas éticas.
  • Ruben (Richard Gadd): El gigante herido. Su violencia física es desatada por la violencia psicológica de Niall.
  • Benji (Actor invitado): El amante de la esposa de Ruben, quien se convierte en el receptor colateral de la furia de la bestia.
  • La Crítica de la Semana: Los analistas internacionales han destacado este episodio como el más "shakespeariano" de la temporada, aplaudiendo cómo Richard Gadd desmantela la aparente redención de Ruben para mostrar la podredumbre del control doméstico y la masculinidad tóxica en su estado más puro.

Crónica de Lions – Capítulo 6 (Final de Temporada): La Muerte del Narrador y el Cierre de la Jaula

El sexto y último episodio de "Lions" (Half Man) funciona como un colapso estructural. Si en los capítulos anteriores la serie jugaba a estirar el tiempo a lo largo de tres décadas, aquí la acumulación de desgracias y confesiones termina por reventar la pantalla. Richard Gadd nos entrega un desenlace que ha dividido profundamente a la crítica por su crudeza y su deliberada falta de complacencia.

El episodio se adentra en la degradación física y moral de Niall (Jamie Bell). Su aspecto es lamentable; demacrado, sudoroso, devorado por las adicciones y viviendo su homosexualidad con una culpa enconada que lo lleva a contraer ETS en encuentros clandestinos y anónimos. Es en esa misma clínica de salud sexual donde la serie nos regala un atisbo de salvación: el reencuentro con Alby (Charlie de Melo), su amor de la juventud, cuyo rostro quedó desfigurado años atrás por la brutalidad de Ruben. Este reencuentro es el que finalmente conduce a la boda del presente.

Sin embargo, el universo de Gadd no permite la redención sin sangre. En paralelo, asistimos a la decadencia de las familias. Mona (Amy Manson), atrapada en un matrimonio asfixiante con Ruben (Richard Gadd), tiene un hijo llamado Baird que en realidad es de Niall. Cuando Ruben se entera de la verdad en la cárcel, su infertilidad y su masculinidad herida lo hacen estallar en la furia machista que anticipábamos. A esto se suma la muerte de Maura, la madre de Ruben, un evento turbio donde Niall asiste completamente drogado y protagoniza un desagradable incidente antes de que ella expire. Es en este clímax de verdades a medias donde Ruben suelta su confesión más pavorosa: el abuso prolongado que sufrió por parte de su propio padre, un trauma donde la sumisión y el placer biológico involuntario se mezclaron, definiendo finalmente el doloroso concepto de ser un "hombre a medias". Hay aquí, como en Baby Reindeer, una veta personal innegable que Gadd utiliza para dinamitar la ficción.

El gran misterio de la temporada, la paradoja de la camilla y la sábana del cuarto episodio, encuentra su resolución a través de un inteligente cambio de perspectiva. En el cobertizo de la boda, la tensión acumulada explota. Ruben confronta a Niall sobre la verdadera naturaleza de su codependencia y se desata una pelea salvaje. Niall, en un acto de supervivencia, saca un pequeño puñal (sgian-dubh) de su calcetín y apuñala a Ruben en el costado. Sin embargo, la bestia no se detiene; Ruben somete y asfixia a Niall con sus propias manos hasta matarlo, gritándole un desesperado "¡Te amo, hermano!" mientras lo sofoca.

Justo en el momento en que Niall expira, la pantalla corta abruptamente a negro. Richard Gadd ha explicado en entrevistas que este corte representa la muerte del narrador: toda la serie estuvo contada desde la perspectiva de Niall; al morir él, la serie se apaga. ¿Por qué entonces la policía saca el cuerpo de Ruben bajo la sábana en los episodios previos? Porque tras asesinar a su alma gemela, Ruben se incorpora, mira su propia herida y se desploma, desangrado por la puñalada que Niall le propinó. Ambos mueren en ese granero, incapaces de vivir el uno con el otro, pero imposibilitados para existir el uno sin el otro.


Análisis de Cierre: ¿Habrá Segunda Temporada?

Al ser una producción de HBO y la BBC concebida explícitamente como una miniserie de seis episodios, la historia de Ruben y Niall está definitivamente cerrada. El corte a negro no busca dejar la puerta abierta para una continuación, sino evitar el morbo del duelo de los sobrevivientes (como Alby o la madre de Niall) y concentrar el impacto en el colapso mutuo de los protagonistas. Aunque algunas interpretaciones de los actores y las transiciones generacionales del elenco (como las dos actrices que interpretaron a Mona) causaron cierta distancia en el espectador en este tramo final, Lions/Half man se consolida como una obra imperdible y devastadora sobre la imposibilidad de escapar del trauma de la masculinidad.




lunes, 25 de mayo de 2026

Crítica de Cine: Amores Materialistas (Materialists)

 




Crítica de Cine: Amores Materialistas (Materialists)

Por: Benjamín Gavarre Silva


Ficha Técnica Básica

  • Dirección y Guion: Celine Song
  • Elenco Principal: Dakota Johnson (Lucy Mason), Chris Evans (John Finch), Pedro Pascal (Harry Castillo)
  • Casas Productoras Principales: A24, Killer Films (Christine Vachon, Pamela Koffler), 2AM, en coproducción con inversores como Access Entertainment y Ley Line Entertainment.
  • Distribución: A24 / Sony Pictures International / HBO Max.

El amor en los tiempos del hipercapitalismo: ¿Sátira o Cliché?

Amores Materialistas se sitúa en una incómoda frontera genérica: no es la típica comedia romántica ligera para evadir el fin de semana, pero tampoco logra la profundidad psicológica que el público esperaba de Celine Song. Inspirada libremente en la breve experiencia de la propia directora como casamentera en Nueva York, la cinta intenta retratar el amor no como un ideal romántico, sino como una transacción financiera de alta gama dentro de una sociedad obsesionada con el estatus.

1. El Triángulo de Estereotipos

La película descansa sobre tres arquetipos encarnados por estrellas de Hollywood que juegan deliberadamente a romper (o estirar) sus zonas de confort:

  • Lucy (Dakota Johnson): Una actriz frustrada reconvertida en una exitosa y cínica casamentera de la agencia élite Adore. Lucy se debate constantemente entre su fachada de sofisticación neoyorquina (marcada desde el inicio por el labial costoso frente al espejo) y una profunda depresión latente, detonada por los casos de abuso y los límites morales que cruzan sus propios clientes adinerados.
  • John (Chris Evans): En las antípodas de su pulcra imagen de superhéroe, Evans interpreta a un actor fracasado y mesero de banquetes que vive el reverso del "sueño americano". Rodeado de roomies grotescos y groseros (en un departamento neoyorquino que es el vivo retrato de la precariedad higiénica), John representa la autenticidad económica frente a la pulcritud plástica del sistema.
  • Harry Castillo (Pedro Pascal): El pretendiente "Unicornio". Un financiero multimillonario que cumple con el estándar absurdo del "10/10". Pascal aborda el personaje con un carisma magnético que subvierte el clásico estereotipo del latino en Hollywood, aunque el guion lo somete a las obsesiones estéticas de la élite, llevando al extremo el requisito de la altura (hasta el punto satírico e inquietante de sugerir la cirugía de alargamiento óseo para ganar unos centímetros).

2. La Deconstrucción del "Oso" Matrimonial

Uno de los puntos más agudos de la propuesta de Song es la crítica demoledora a los rituales nupciales de la alta sociedad estadounidense. La escena de la boda, con invitados coreando de manera patética música comercial al estilo de Neil Diamond, expone la desconexión total entre el rito social y el verdadero significado del compromiso. En el universo que Lucy maneja, el matrimonio es un contrato de absorción de bienes donde las personas exigen requisitos para sus parejas como si estuvieran configurando un automóvil de lujo o una suite de hotel, estrellándose inevitablemente contra la realidad de su propia mediocridad.

3. Del Cavernícola al Error de Inversión

El marco narrativo de la película resulta, por decir lo menos, desconcertante. Esa introducción y cierre con dos actores disfrazados de cavernícolas en una cueva —que en su tosquedad roza el estereotipo racista de lo "latinoamericano o periférico" en comparación con la opulencia de Nueva York— intenta establecer una tesis antropológica: el matrimonio es un rito primitivo de posesión.

Este prólogo se conecta directamente con el desenlace, cuando tras la abrupta y predecible huida de Harry hacia Islandia (abrumado por las exigencias de un sistema que él mismo sostiene), Lucy regresa con John. El anillo improvisado con una flor y la propuesta de John invitándola a "cometer un gran error de inversión" se lleva el triunfo del amor romántico, pero deja un sabor agridulce. El amor gana, pero las condiciones materiales de la pareja no van a cambiar mágicamente.


Recepción Crítica y Desempeño

A pesar del peso de sus tres nombres protagónicos, Amores Materialistas ha tenido un paso más bien tibio por las audiencias y la crítica especializada. Aunque se valoró positivamente la química actoral entre Johnson, Evans y Pascal, la película fue acusada de sufrir serios altibajos en su ritmo (lo que justifica la necesidad del espectador de adelantar algunas escenas predecibles).

La crítica internacional la calificó como una propuesta "sobreescrita", donde los diálogos excesivamente teatrales y la solemnidad visual de la dirección chocaban con la energía ligera que la trama exigía. Al final, la cinta se queda a caballo entre dos mundos: es demasiado cínica para los amantes de la comedia romántica tradicional y demasiado predecible para quienes buscaban un drama de autor con verdadera profundidad.

No es de extrañar que haya pasado desapercibida en los algoritmos y los tops de visualización de HBO; es una obra que, queriendo criticar la superficialidad de las mercancías, terminó convirtiéndose en un producto de consumo dominical bastante convencional.

Film Review: Materialists

 







Film Review: Materialists

By: Benjamín Gavarre Silva


Basic Fact Sheet

  • Written and Directed by: Celine Song
  • Main Cast: Dakota Johnson (Lucy Mason), Chris Evans (John Finch), Pedro Pascal (Harry Castillo)
  • Production Companies: A24, Killer Films (Christine Vachon, Pamela Koffler), 2AM, in co-production with Access Entertainment and Ley Line Entertainment.
  • Distribution: A24 / Sony Pictures International / HBO Max.

Love in the Age of Hyper-Capitalism: Satire or Cliché?

Materialists occupies an uncomfortable generic border: it is not your typical lighthearted romantic comedy for weekend escapism, yet it fails to achieve the psychological depth that audiences expected from Celine Song. Loosely inspired by the director's own brief experience as a matchmaker in New York City, the film attempts to portray love not as a romantic ideal, but as a high-end financial transaction within a status-obsessed society.

1. The Triangle of Stereotypes

The film relies on three archetypes embodied by Hollywood stars who deliberately play at stretching their comfort zones:

  • Lucy (Dakota Johnson): A frustrated actress turned successful, cynical matchmaker for the elite agency Adore. Lucy constantly vacillates between her facade of New York sophistication (marked from the very beginning by her expensive lipstick in front of the mirror) and a deep, latent depression triggered by instances of abuse and the moral boundaries crossed by her wealthy clients.
  • John (Chris Evans): At the antipodes of his clean-cut superhero image, Evans plays a failed actor and catering waiter living the reverse of the "American Dream." Surrounded by grotesque, rude roommates in a New York apartment that is the literal epitome of unhygienic precariousness, John represents economic authenticity against the plastic neatness of the system.
  • Harry Castillo (Pedro Pascal): The "Unicorn" suitor. A billionaire financier who meets the absurd "10/10" standard. Pascal approaches the character with a magnetic charisma that subverts the classic Latino stereotype in Hollywood, even though the script subjects him to the aesthetic obsessions of the elite, pushing the requirement of height to a satirical and disturbing extreme (to the point of suggesting bone-lengthening leg surgery to gain a few centimeters).

2. Deconstructing the Wedding Spectacle

One of the sharpest points in Song's proposal is the scathing critique of high-society American nuptial rituals. The wedding scene, featuring guests pathetically chorusing commercial music in the style of Neil Diamond, exposes the total disconnection between the social rite and the true meaning of commitment. In the universe Lucy manages, marriage is an asset-absorption contract where people demand partner requirements as if they were configuring a luxury car or a high-end hotel suite, inevitably crashing into the wall of their own mediocrity.

3. From Cavemen to the Investment Error

The film's narrative framework is, to say the least, disconcerting. The introduction and closing scenes featuring two actors dressed as cavemen in a cave—which in its crudeness verges on a racist stereotype of the "Latin American or peripheral" compared to the opulence of New York—attempts to establish an anthropological thesis: marriage is a primitive rite of possession.

This prologue connects directly to the denouement. After Harry's abrupt and predictable flight to Iceland (overwhelmed by the demands of a system he himself sustains), Lucy returns to John. The makeshift flower-ring and John's proposal inviting her to "make a huge investment mistake" with him seals the triumph of romantic love, but leaves a bittersweet aftertaste. Love wins, but the couple's material conditions are not going to magically change overnight.


Critical Reception and Performance

Despite the weight of its three leading names, Materialists has had a rather lukewarm reception from both audiences and specialized critics. Although the acting chemistry between Johnson, Evans, and Pascal was praised, the film was accused of suffering from serious pacing issues (justifying the viewer's urge to fast-forward through predictable scenes).

International critics described it as an "overwritten" piece, where excessively theatrical dialogues and the visual solemnity of the direction clashed with the lighter energy the plot demanded. In the end, the film hangs between two worlds: it is too cynical for fans of the traditional romantic comedy and too predictable for those seeking an auteur drama with true depth.

It is no wonder it has gone largely unnoticed by algorithms and HBO's top viewing charts; it is a work that, while wanting to criticize the superficiality of commodities, ended up becoming a rather conventional piece of Sunday consumerism.

sábado, 23 de mayo de 2026

Film Review: Wuthering Heights (2026)

 










Wuthering Heights (2026)  


The Excess of Desire and the Music Video Aesthetic


by Benjamnin Gavarre

Part One: The Typography of Blood and the Feast of the Senses

Approaching a new adaptation of Wuthering Heights inevitably means confronting the ghosts of cinema history. In our collective memory resides the acclaimed 1939 version, where Sir Laurence Olivier’s chameleonic ability transformed Heathcliff into a myth of monochrome Gothic romance, framing untamed passion through dramatic restraint.

Emerald Fennell’s approach takes the opposite route, surrendering entirely to visual and formal excess. The exaggeration begins with the opening credits, where a highly creative—yet flawed—typography attempts to represent blood and Gothic dread through stylized fonts. However, once past this stylistic stumble, the narrative plunges us rawly into Emily Brontë’s universe: the gambling father bearing the darkest traits of a Dickensian character, and woman treated as mere merchandise—a reminder of how Brontë’s proto-feminist perspective was light-years ahead of her time.

In its first half, the film tracks the youth of two characters growing up together in a relationship where social class is irrelevant, which later mutates into a powerful sexual attraction upon adulthood. Jacob Elordi commands the screen monumentally, projecting the image of an orphan subjected to the harshest labor who still retains an almost mystical sensuality. Meanwhile, Margot Robbie’s Catherine radiates an explicit eroticism tailored to the 21st-century gaze; the scene where she seeks her own satisfaction under Heathcliff’s burning gaze marks a sharp departure from classic romanticism, turning the narrative into an explicit display of unbridled desire.

Following Heathcliff's bitter departure, the director employs vivid palaces and frames that evoke luxury commercials. In the Linton estate, Catherine's room appears color-matched to the actress's own skin tone, even replicating her signature beauty mark on the wall—a display of luxury, fine dining, and saturated colors where form threatens to consume substance. Within this environment, Isabella Linton stands out as a 22-year-old sister-in-law overflowing with unrepressed sexual allusions, seeking solace in giant dollhouses and crafting phallic mushrooms and flowers. Her madness recalls an Ophelia unhinged by sexual repression, turning into a demonic apparition screaming as she watches Catherine from across the fence.


Part Two: The Return of the Beast and the Actantial Trap

The second half begins with Heathcliff’s return. He arrives rich, immaculate, and well-dressed, stripped of his primitive wildness but fueled by an unyielding resentment. From this point on, the lovers immerse themselves in a series of clandestine encounters where the costume design and the high-end perfume commercial aesthetic continue at full steam.

The plot becomes a vicious cycle of intercepted letters and boundaries. The submissive Edgar Linton (the timid husband who prefers inaction) is finally alerted by the housekeeper, unleashing a definitive ban on their meetings. Heathcliff’s vengeance materializes when he secretly marries the obsessed Isabella Linton, who sinks into a masochistic relationship.

The film concludes tragically with the death of the unborn child inside a dying Catherine. The final scene shows Elordi over Robbie, a striking visual closer reaffirming that despite destruction and death, they will forever love each other as soulmates. The closing images—leeches crawling up walls, blood staining the duvet, deep reds, and the protagonists drenched under a storm—consolidate a work acclaimed for its visual beauty, even if at times it feels like a director’s new toy, designed to create gorgeous but gratuitous imagery.


Actantial Model: Wuthering Heights (2026)

Function Actant Description
Subject Heathcliff and Catherine (Jacob Elordi & Margot Robbie) The lovers seeking the consummation of their passion and the union of their twin souls.
Object Absolute Union / Sacred Love The spiritual and physical fusion denied to them on the earthly plane.
Sender Passion / Shared Childhood The primitive force of nature and the unbreakable bond born in childhood that drives them together.
Receiver Themselves The sole beneficiaries of a destructive love that ignores collateral damage.
Helper Isabella Linton (partially) & Their Own Obsession Isabella acts as a masochistic tool facilitating Heathcliff's access to the family, while their mutual desire pushes them to break societal rules.
Opposer Nelly Dean (Hong Chau), Edgar Linton, and Social Class The housekeeper Nelly Dean (played masterfully by Hong Chau, whose Asian heritage brings a fascinating, uncanny note to an otherwise Anglo atmosphere) acts as the silent harpy intercepting and burning letters. Edgar Linton represents the social order and conventional marriage blocking their union.

Crónica cinematográfica: Cumbres borrascosas (2026)

 

Cumbres borrascosas (2026) – El exceso del deseo y la estética del videoclip


Primera parte: La tipografía de la sangre y el festín de los sentidos

Abordar una nueva versión de Cumbres borrascosas implica inevitablemente enfrentarse al fantasma de la historia del cine. En la memoria colectiva habita la aclamada versión cinematográfica de 1939, donde la camaleónica capacidad de Sir Laurence Olivier transformaba a Heathcliff en un mito del gótico en blanco y negro, enfocando la pasión desbordada desde la contención dramática.

La propuesta de Emerald Fennell adopta un rumbo opuesto, entregándose al exceso formal y visual. La exageración se anuncia desde los créditos iniciales, donde una tipografía sumamente creativa —pero fallida— intenta representar la sangre y el gótico a través de las fuentes de diseño. Sin embargo, una vez superado este tropiezo visual, la narrativa nos introduce con crudeza en el universo de Emily Brontë: el padre jugador con tintes de personaje de Dickens en su peor espectro, y la mujer tratada como mercancía, un reflejo de cómo Brontë se adelantó a su tiempo con una perspectiva crudamente protofeminista.

En su primera mitad, la película retrata a los jóvenes que crecen juntos en una relación donde las diferencias de clase no importan, pero que al madurar se transforma en una poderosa atracción sexual. Jacob Elordi llena la pantalla de manera monumental, proyectando la imagen de un huérfano sometido a las peores faenas que conserva una sensualidad casi mística. Por su parte, la Catherine de Margot Robbie desborda un erotismo explícito, adaptado a la mirada del siglo XXI; la escena en la que ella busca su propia satisfacción bajo el acecho y la mirada ardiente de Heathcliff marca una ruptura con el romanticismo clásico, transformándolo en la exposición explícita del deseo indomable.

Tras la partida de un Heathcliff despechado, la directora utiliza palacios de colores intensos y encuadres que recuerdan a comerciales de lujo. En la opulencia de los Linton, la habitación de Catherine parece diseñada en sintonía con la propia tez de la actriz, reproduciendo incluso su lunar en la pared: un despliegue de lujo, belleza y platillos de fábula donde la forma parece devorar al fondo. En este entorno destaca el personaje de Isabella Linton, la joven cuñada de 22 años que se desborda en alusiones sexuales no reprimidas, refugiándose en casas de muñecas gigantes y confeccionando hongos o flores fálicas. Su locura evoca a una Ofelia desquiciada por la represión sexual, transformándose en una aparición casi demoníaca que grita al observar a Catherine desde la barda.


Segunda parte: El retorno de la bestia y la trampa actancial

La segunda mitad de la cinta inicia con el retorno de Heathcliff. Ha vuelto rico, bien vestido y pulcro, despojado de su salvajismo primitivo pero cargado de un resentimiento implacable. A partir de aquí, los amantes se sumergen en una serie de encuentros clandestinos donde el diseño de vestuario y la estética de anuncio de perfume o lencería fina continúan a todo vapor.

La trama se vuelve un círculo vicioso de cartas interceptadas y prohibiciones. El pusilánime Edgar Linton (el apocado marido que prefiere no actuar) es finalmente advertido por el ama de llaves, desatando la prohibición definitiva de los encuentros. La venganza de Heathcliff se concreta al casarse en secreto con la obsesionada Isabella Linton, quien se sumerge en una relación masoquista.

La película concluye de manera trágica con la muerte del bebé en el vientre de una Catherine que expira. La última escena muestra a Elordi sobre Robbie, un cierre visual impactante que reafirma que, a pesar de la destrucción y la muerte, se amarán por siempre como almas gemelas. Las imágenes finales —sanguijuelas trepando por la pared, la sangre tiñendo la colcha, los rojos intensos y los protagonistas empapados bajo la tormenta— consolidan una obra aclamada por su belleza visual, aunque por momentos se perciba como el juguete nuevo de una directora fascinada con crear imágenes hermosas pero gratuitas.




Cuadro actancial de Cumbres borrascosas (2026)

Para comprender las fuerzas dramáticas que operan en esta adaptación, el modelo actancial de Greimas resulta sumamente esclarecedor:

Función Actante Descripción
Sujeto Heathcliff y Catherine (Jacob Elordi y Margot Robbie) Los amantes que buscan la consumación de su pasión y la unión de sus almas gemelas.
Objeto La Unión Absoluta / El Amor Sagrado La fusión espiritual y física que se les niega en el plano terrenal.
Destinador La Pasión / La Infancia Compartida La fuerza primitiva de la naturaleza y el lazo inquebrantable nacido en la niñez que los impulsa a buscarse.
Destinatario Ellos mismos Los únicos beneficiarios de un amor destructivo que no repara en el daño colateral.
Ayudante Isabella Linton (parcialmente) y su propia obsesión Isabella actúa como un instrumento masoquista que facilita el ingreso de Heathcliff al entorno familiar, mientras que su propio deseo mutuo los empuja a romper las reglas.
Opositor Nelly Dean (Hong Chau), Edgar Linton y las Clases Sociales El ama de llaves Nelly Dean (interpretada magistralmente por Hong Chau, cuya presencia oriental aporta una nota fascinante y extraña en una atmósfera tan anglo) opera como la gran arpía y obstáculo silencioso que intercepta cartas y quema misivas. Edgar Linton representa el orden social y el matrimonio convencional que bloquea su unión.

jueves, 14 de mayo de 2026

Euphoria: Blinding Neons and a Wearisome Abyss.

 


Euphoria: Blinding Neons and a Wearisome Abyss By Benjamín Gavarre | cineteatrocritica.blogspot.com


I started watching Euphoria what feels like an eternity ago. Like many others, I was immediately drawn in by scenes of unprecedented visual rawness: full nudity, violence, and an omnipresence of substances that made the title feel like a tragic irony. It wasn't just ecstasy; it was an encyclopedia of excess. However, once the initial dazzle of its form fades, the question remains: where is this journey of self-destruction leading us?

Technical Mastery: A Triumph of Form If one thing is indisputable in the vision of creator and director Sam Levinson, it's that the series hits the eyes with brutal force. The scene editing, led by editors like Julio C. Perez IV, is a marvel: it jumps back and forth, breaks linearity, and surprises with a fragmented narrative that mirrors the characters' own confusion.

The cinematography by Marcell Rév uses light not just to illuminate, but to create moods; those electric blues and saturated reds are now part of this decade's visual DNA. Added to this is the work of Doniella Davy in makeup and Heidi Bivens in costume design, which became global trends. It is a series that looks and feels like a fever dream, supported by Labrinth's atmospheric music, which in the early seasons achieved that exact blend of melancholy and heartbeat-like pulse.

A Spectrum of Misfortune The cast has been the series' greatest success. Zendaya, as Rue Bennett, delivers a performance so visceral it becomes exhausting at times; her addiction is a bottomless pit that offers no respite to the viewer. Meanwhile, Jacob Elordi has established himself as a major star—the 6'5" lead who is now everywhere—playing a Nate Jacobs whose relationship with his father, Cal Jacobs (a flawless Eric Dane), is one of the darkest and most well-executed storylines. The episode depicting the father's truncated romance in his youth is, arguably, the most human and beautiful moment in the series.

However, the script often gets lost in a "catalog of pretensions." Maddy Perez (Alexa Demie) shines with her hyper-manufactured charisma, while Cassie Howard (Sydney Sweeney) seems trapped in a spiral where desire is mistaken for a lack of talent or identity. Special mention goes to Hunter Schafer as Jules Vaughn, a trans character who breaks stereotypes, even if her "ambiguous partnership" with Rue ends up being a vicious cycle.

The Best vs. The Worst: Critical Judgment The Best: The series' ability to capture modern anxiety and loneliness in the digital age. It is brave, visually revolutionary, and unafraid to be uncomfortable.

The Worst: Gratuitous excess. Many critics point out that the series has crossed the line into "trauma porn," where style attempts to compensate for a script that becomes repetitive and nihilistic. The violence in the most recent seasons has become almost unbearable.

Watching Nate Jacobs being hunted by the mob or Rue buried up to her neck in a life-or-death situation makes us wonder if any humanity remains. The series seems to have aged prematurely due to long breaks between seasons, losing the compass that made it an undeniable hit. Ultimately, it reminds me of that old film, Born to Win. We were promised euphoria, but we were delivered a horizon of lamentable prospects where, in the end, everyone loses.


EUPHORIA: RESEÑA EN ESPAÑOL

 

Euphoria: El Neón que Ciega y el Abismo que Cansa Por Benjamín Gavarre | cineteatrocritica.blogspot.com    | CINEDEBATE

Comencé a ver Euphoria hace ya lo que parece una eternidad. Como a muchos, el imán fue inmediato: escenas de una crudeza visual inédita, desnudos integrales, violencia y una omnipresencia de sustancias que hacían que el título pareciera una ironía trágica. No era solo éxtasis; era una enciclopedia del exceso. Sin embargo, tras el deslumbramiento inicial por sus formas, queda la pregunta: ¿hacia dónde nos lleva este viaje de autodestrucción?

La Maestría Técnica: Un Triunfo de la Forma Si algo es incuestionable en la visión del creador y director Sam Levinson, es que la serie entra por los ojos con una fuerza brutal. La edición de escenas, a cargo de editores como Julio C. Perez IV, es un prodigio: va de aquí para allá, rompe la linealidad y sorprende con una narrativa fragmentada que emula la confusión de sus personajes.

La fotografía de Marcell Rév utiliza la luz no solo para iluminar, sino para crear estados de ánimo; esos azules eléctricos y rojos saturados son ya parte del ADN visual de esta década. A esto se suma el trabajo de Doniella Davy en el maquillaje y Heidi Bivens en el vestuario, que se convirtieron en tendencias globales. Es una serie que se ve y se siente como un sueño febril, apoyada por la música atmosférica de Labrinth, que en las primeras temporadas lograba esa mezcla exacta entre melancolía y pulso cardíaco.

El Abanico de la Desgracia El elenco ha sido el gran acierto. Zendaya, en su papel de Rue Bennett, entrega una actuación tan visceral que por momentos agota; su drogadicción es un pozo sin fondo que no ofrece tregua al espectador. Por otro lado, Jacob Elordi se ha consolidado como la gran estrella —el galán de 1.96 metros que ahora es ubicuo— interpretando a un Nate Jacobs cuya relación con su padre, Cal Jacobs (un impecable Eric Dane), es uno de los puntos más oscuros y mejor logrados. Aquel capítulo del romance truncado del padre en su juventud es, posiblemente, de lo más humano y hermoso de la serie.

Sin embargo, el guion también se pierde en un "catálogo de pretensiones". Maddy Perez (Alexa Demie) brilla con su carisma hiperfabricado, mientras que Cassie Howard (Sydney Sweeney) parece atrapada en una espiral donde el deseo se confunde con la falta de talento o identidad. Mención aparte merece Hunter Schafer como Jules Vaughn, un personaje trans que rompe estereotipos, aunque su "mancuerna equívoca" con Rue termine siendo un círculo vicioso.

Lo Mejor vs. Lo Peor: El Juicio Crítico Lo mejor: La capacidad de la serie para capturar la ansiedad moderna y la soledad en la era digital. Es valiente, visualmente revolucionaria y no teme incomodar.

Lo peor: El exceso gratuito. Muchos críticos señalan que la serie ha cruzado la línea hacia la "pornografía del trauma", donde el estilo intenta compensar un guion que se vuelve repetitivo y nihilista. La violencia en las temporadas más recientes se ha vuelto casi insoportable.

Ver a Nate Jacobs perseguido por la mafia o a Rue enterrada hasta el cuello en una situación límite, nos hace cuestionar si queda algo de humanidad. La serie parece haber envejecido prematuramente debido a las largas pausas entre temporadas, perdiendo esa brújula que la hacía un hit indiscutible. Al final, me recuerda a esa vieja película, Born to Win (Nacidos para ganar/perder). Nos prometieron euforia, pero nos entregaron un horizonte de horizontes lamentables donde todos terminan perdiendo.



Un hombre decente.

 


 

Reseña de 'Un hombre decente'

 

La simetría del encierro y la caída moral:

Por Benjamín Gavarre |

A veces, los algoritmos de las plataformas aciertan de manera misteriosa. Por alguna razón, Max me puso frente a Un hombre decente (Porządny człowiek), una miniserie polaca de seis capítulos dirigida por Aleksandra Terpińska. Lo que a simple vista podría parecer un drama criminal convencional, se revela rápidamente como un thriller psicológico donde la verdadera protagonista es la psique fracturada de sus personajes, recordándonos que el cine polaco contemporáneo sigue siendo un maestro en diseccionar la aspereza humana.

La historia sigue el arco de Paweł Szkotak (Krzysztof Czeczot), un exitoso médico de la clase media-alta de Varsovia, cuya vida aparentemente perfecta y familia unida se ve de pronto atropellada por los errores más extremos. Todo comienza cuando un adolescente, Kamil (brillantemente interpretado por Mikołaj Kubacki), golpea brutalmente al hijo del doctor. En su afán por exigir una disculpa —una búsqueda que cae en un barril sin fondo—, Paweł persigue al muchacho. En medio del caos, un auto atropella a Kamil. Como espectadores, la lógica nos dicta que el doctor lo curará y lo llevará al hospital. Sin embargo, su error trágico lo lleva a esconder al joven en el sótano de una casa abandonada. Ahí comienza el verdadero derrumbe.

A partir de este encierro, la dirección de Terpińska construye una atmósfera claustrofóbica, apoyada en silencios tensos y una notable ausencia de música extradiegética. En ese sótano, el carismático adolescente entabla una relación casi paternofilial con el doctor. Hay trampa, manipulación y una ambigüedad ética que le suma muchos puntos a la serie. Paweł no es un pederasta, aunque por momentos la extraña intimidad entre ambos nos haga cuestionarlo; más bien, se identifica profundamente con el chico. A través de vistazos al pasado, descubrimos que esta identificación es la repetición de una cadena de traumas digna de una tragedia griega: el propio padre del doctor lo encerraba y secuestraba durante su infancia, justificándolo como un método para forjar a un "hombre decente". El sótano, entonces, no es solo una cárcel para Kamil, sino el museo del propio trauma de Paweł. La simetría del encierro es fascinante.

Mientras tanto, en el exterior, la fachada de perfección del doctor se desmorona, dejándolo como a un Edipo ciego frente a la verdad. Su esposa ejemplar, Marta (una siempre potente Agnieszka Żulewska), lo engaña con su mejor amigo y colega, Adam (Michał Czernecki). Paweł también abre los ojos ante la podredumbre de su entorno laboral, dándose cuenta de que el hospital es corrupto. Todos a su alrededor notan su desestabilización. La serie, muy aplaudida por la crítica por desmitificar el éxito de la élite de Varsovia, brilla porque aquí no hay héroes ni villanos claros; todos son sombras. El propio hijo agredido del doctor resulta ser de mala ralea, un vendedor de drogas que le había quitado la novia a Kamil. Los padres biológicos del joven son nefastos; la madre es una abogada que termina liada en la cama con el doctor, y el padre aparece solo para farfullar y empeorar el panorama.

Cuando el secuestro está a punto de descubrirse y Paweł, en su desesperación, pide ayuda a unos criminales despiadados que planean matar al joven, la trama da una vuelta de tuerca. En un giro donde se invierten los roles, el joven golpea al doctor con una pala, lo amarra y el secuestrador se convierte en el secuestrado. El impacto es tal que Paweł se orina del susto, y es su "hijo adoptivo" quien, con una ternura retorcida, le cambia los pantalones. La resolución, con la llegada de la policía y el fin de los verdaderos criminales, nos deja con un Kamil que se niega a declarar contra el doctor. Paweł confiesa, pero ante la falta de cargos, queda libre. Aunque este giro final puede resultar un poco previsible, funciona bien narrativamente para darnos un respiro tras tanta asfixia y tensión.

El epílogo nos muestra a un Paweł que abandona a su esposa y reconstruye una extraña normalidad con sus dos "hijos" (el biológico, ya redimido, y Kamil), quienes ahora juegan a pelearse como dos buenos y simpáticos hermanos polacos.

Como reflexión extra, es imposible no conectar esta joya televisiva con la profundidad y la complejidad decadente del teatro polaco. La obra evoca irremediablemente la propuesta estética de Stanisław Ignacy Witkiewicz —el Shakespeare del teatro polaco—, donde lo extraño, lo deformado y las relaciones de poder exponen la verdad humana. Al igual que a Witkiewicz, a veces a este tipo de producciones cuesta que se les reconozca universalmente solo por su origen polaco. Pero para quienes aprecian la literatura dramática, las disecciones sociales y los thrillers que no te dan respuestas fáciles, Un hombre decente es una recomendación absoluta.

 

 

 


'A Decent Man'.

 

'A Decent Man'



CINEDEBATE

cineteatrocritica.blogspot.com


The Symmetry of Confinement and Moral Decay: A Review of 'A Decent Man'

By Benjamín Gavarre |  cineteatrocritica.blogspot.com


Sometimes, streaming algorithms hit the mark in mysterious ways. For some reason, Max placed A Decent Man (Porządny człowiek)—a six-episode Polish miniseries directed by Aleksandra Terpińska—right in front of me. What might seem like a conventional crime drama at first glance quickly reveals itself as a psychological thriller where the true protagonist is the fractured psyche of its characters, reminding us that contemporary Polish cinema remains a master at dissecting human harshness.

The story follows the arc of Paweł Szkotak (Krzysztof Czeczot), a successful upper-middle-class doctor in Warsaw whose seemingly perfect life and close-knit family are suddenly derailed by extreme errors. It all begins when a teenager, Kamil (brilliantly played by Mikołaj Kubacki), brutally beats the doctor’s son. In his quest for an apology—a pursuit that turns into a bottomless pit—Paweł chases the boy. Amidst the chaos, a car strikes Kamil. As viewers, logic dictates the doctor will treat him and rush him to the hospital. Instead, his tragic mistake leads him to hide the young man in the basement of an abandoned house. This is where the true collapse begins.

From this point of confinement, Terpińska’s direction builds a claustrophobic atmosphere, leaning on tense silences and a notable absence of non-diegetic music. In that basement, the charismatic teenager forms an almost father-son relationship with the doctor. There is trickery, manipulation, and an ethical ambiguity that adds significant depth to the series. Paweł is not a pedophile, though the strange intimacy between them occasionally makes us wonder; rather, he identifies deeply with the boy. Through glimpses into the past, we discover that this identification is the repetition of a cycle of trauma worthy of a Greek tragedy: Paweł’s own father used to lock him up as a child, justifying it as a method to forge a "decent man." The basement, then, is not just a prison for Kamil, but a museum of Paweł’s own trauma. The symmetry of the confinement is fascinating.

Meanwhile, on the outside, the doctor’s façade of perfection crumbles, leaving him like a blind Oedipus facing the truth. His exemplary wife, Marta (the consistently powerful Agnieszka Żulewska), is cheating on him with his best friend and colleague, Adam (Michał Czernecki). Paweł also opens his eyes to the rot in his professional environment, realizing the hospital is a nest of corruption. Everyone around him notices his total destabilization. The series, widely praised by critics for demystifying the success of the Warsaw elite, shines because there are no clear heroes or villains; everyone is a shadow. Even the doctor's assaulted son turns out to be "bad stock"—a drug dealer who had stolen Kamil's girlfriend. The boy's biological parents are equally wretched: the mother is a lawyer who ends up in bed with the doctor, and the father appears only to mutter and make matters worse.

When the kidnapping is about to be discovered and Paweł, in desperation, seeks help from ruthless criminals planning to kill the boy, the plot takes a twist. In a reversal of roles, the young man strikes the doctor with a shovel, ties him up, and the kidnapper becomes the kidnapped. The impact is so great that Paweł wets himself out of fear, and it is his "adoptive son" who, with a twisted tenderness, changes his pants. The resolution, with the arrival of the police and the end of the true villains, leaves us with a Kamil who refuses to testify against the doctor. Paweł confesses, but with no charges filed, he goes free. While this final twist might be somewhat predictable, it works narratively to provide a breath of air after such asphyxiating tension.

The epilogue shows us a Paweł who leaves his wife and rebuilds a strange normalcy with his two "sons" (the biological one, now redeemed, and Kamil), who now play-fight like two good, charming Polish brothers.

As an extra reflection, it is impossible not to connect this television gem with the depth and decadent complexity of Polish theater. The work inevitably evokes the aesthetic proposals of Stanisław Ignacy Witkiewicz—the Shakespeare of Polish drama—where the strange, the deformed, and power dynamics expose the human truth. Like Witkiewicz, these types of productions sometimes struggle for universal recognition simply because of their Polish origin. But for those who appreciate dramatic literature, social dissections, and thrillers that don't offer easy answers, A Decent Man is an absolute recommendation.